El que sabe, sabe. Y el que no, es jefe. (por: Antonio Pozo P.)*

El que sabe, sabe. Y el que no, es jefe. (por: Antonio Pozo P.)*

[El texto que encontrarás a continuación, fue escrito por Antonio Pozo P. Uno de los mejores jefes que he tenido y un gran amigo, cuya mayor virtud como jefe, consiste en poder ejercer el liderazgo, mas allá de la tarea, sin perder un ápice empatía con su equipo de trabajo. Puedo decir que fue una gran experiencia hacer sido parte de su equipo (Luis Sáez).]

Hace unos años entré a trabajar, como un profesional del área formativa de una Fundación. Estaba muy contento en eso cuando, no sé por qué, la autoridad máxima me llamó para ofrecerme la jefatura de una dirección nacional. Mas que ofrecérmela me la impuso y, a pesar de mis argumentos respecto a mi falta de experiencia  y de mi falta de especialización, mi jefa insistió en que yo era la persona indicada para ese cargo.

Le pedí un día, para pensarlo.

Esa noche no pude dormir. Le daba vueltas a los pro y contras que implicaba asumir una responsabilidad tan grande para mí. Anteriormente quienes habían ocupado ese cargo no habían alcanzado a ejercerlo más de tres o cuatro meses. Era un cargo operativo, del cual dependía la gestión institucional a lo largo de todo el país, con sus sedes provinciales y regionales. Me atemorizaba lo acontecido a mis eventuales predecesores y también me entusiasmaba haber sido elegido y todo lo que significaba aprender en la práctica misma, a dirigir equipos, a tomar decisiones, a definir cursos de acción, a darle un sello al quehacer institucional, a participar en el centro mismo de la toma de decisiones de la Fundación, a ser recibido por las autoridades políticas de las regiones y provincias… era un desafío para mi desarrollo profesional que, de repente, sin esperar el tiempo para llegar, quizás, a sentirme preparado para postular a un cargo semejante, allí estaba esperando mi decisión.

A la mañana siguiente, con mis ojos cargados de sueño, me estaba sentando en mi nuevo sillón de alto respaldo al frente de un gran escritorio. Era una oficina grande, toda para mí. Le pedí a mi secretaria que convocara al personal a mi cargo a una reunión a realizarse a las 12.00. Mi interés era conocer al equipo humano y comprometerlos con el proyecto que mi jefatura me había encomendado llevar a cabo.

En la reunión yo les hablaba, presentándoles mis ideas y la gente me escuchaba, sin comprometer una opinión. Mientras intentaba comunicarme con ellos observaba en sus actitudes un dejo de desconfianza. Ellos llevaban tiempo de trabajo juntos, habían visto llegar a otras jefaturas y, posteriormente, también las vieron partir. Creo que pensaban: «¿por qué este señor viene a proponernos cosas a nosotros que sabemos mejor que él lo que se debería hacer?». Entendí el mensaje que leía en sus rostros. Cambié de estrategia y opté por reunirme en pequeños grupos para escucharles.

En esas experiencias grupales sentí que me querían tasar. Saber cuánto sabía , cuales eran mis ideas y proyecciones y… sin comprometerse, hacer algunas preguntas y mantener sus reservas.

Así fue como fui aprendiendo a ser jefe. Aprendí a confiar en la gente y a darles confianza. Aprendí que ellos son los que más saben respecto a lo que mi Dirección hace, lo que hace bien, lo que hace mal, lo que no debería hacer, lo que debería cambiarse. Recibía, como una esponja, lo que el equipo hablaba y proponía y, esta vez era yo quien preguntaba.

Con mis apuntes recogidos en varias reuniones, armé una propuesta base, la que posteriormente les di a conocer para afinar los detalles. Finalmente, llegamos a acuerdo con un documento bien conversado y con interrogantes no resueltas respecto a las cuales yo debía decidir.

Las relaciones humanas se fueron armando en redes de trabajo y camaradería, lo cual me permitió conocer las potencialidades y competencias de cada uno de mis colaboradores en el trabajo. Aprendí a delegar responsabilidades y a fortalecer los equipos, haciéndolos sentirse parte importante de los logros alcanzados y a que toda la organización los conociera y reconociera como los artífices de los programas y acciones que nuestra Dirección realizaba y ejecutaba. Nuestra Dirección tenía rostros y personas reconocibles por toda la organización, a lo largo del país, lo que afianzaba las responsabilidades y los compromisos.

Mis debilidades y falta de experiencia en cargos de jefatura, me permitieron diseñar un equipo de trabajo en el cual yo fui uno más, el que tenía que tomar las decisiones, dirimir los conflictos, aprovechar las discusiones para romper con las inercias, potenciar las competencias de cada uno y darles valor ante mi jefatura para que, en lo posible fuesen distinguidos al momento de los incentivos y las mejoras en las remuneraciones.

Nunca aprendí a ser un jefe distinto al que fui esa primera vez y, nunca mas dejé de ser jefe.

Antonio Pozo P.

 

* El presente artículo, corresponde a la transcripción íntegra de la respuesta elaborada por Antonio, ante la consulta: ¿Que implica ser jefe?, realizada con motivo del articulo: «¿Qué implica ser jefe? (reflexiones en torno al rol del líder)». Ha sido publicado aquí con su consentimiento y mi gratitud.

 

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2 Comentarios en “El que sabe, sabe. Y el que no, es jefe. (por: Antonio Pozo P.)*
  1. Pablo Guerrero dice:

    Que buen articulo, me llego a sentir un poco emocionado con lo conciso del mensaje, queda mas que claro que para que un equipo funcione hay que verlo como tal y dejarle siempre a cada integrante de este la seguridad de que su labor es tan importante como la de cualquier otro, ojala fueran todos los jefes asi, pero sabemos que en la realidad general esto no es asi. Se agradece profundamente este tipo de publicaciones, que mas alla de solo llenar espacios con informacion, enseñan.

    • lsaez dice:

      Pablo: Muchas gracias por tu comentario, muchas veces las aristas mas complejas de nuestro trabajo, pasan por soluciones simples, por perspectivas honestas y sencillas como la de Antonio, es importante relevar calidad humana y la humildad que caracterizan a «un buen jefe», esas cosas no se enseñan en cualquier lado. Le haré llegar tu comentario al Autor.

      un abrazo
      Luis

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