¿El problema es que nos falta comunicación?

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¿Quién no ha escuchado alguna referencia a problemas en la comunicación? Ocurren en el trabajo, ocurren en la familia y en la pareja. En efecto, resulta frecuente concluir una queja sobre alguien, con la frase: “es que nos falta comunicación”, como si la comunicación fuese algo que se pudiese medir en cantidades. “Me da un kilo de comunicación por favor”, ¿o un litro? ¿o un metro?. ¿Cuánta comunicación es necesaria para llevarse bien en el trabajo?

Todas estas preguntas resultan raras si uno se las toma al pie de la letra. Claramente la comunicación no es algo que se pueda expresar en cantidades y aunque se pudiera, probablemente tampoco se podría sacar algo en limpio sabiendo cuánta comunicación hay entre 2 o más personas y al ratito estaríamos preguntándonos si toda esa comunicación es de calidad, o si es comunicación lo que hace falta o claridad para decir las cosas y cuando alguien cree que habla claramente, viene otra persona y le dice que es muy brusco/a para decir las cosas. “no es lo que dices, es cómo me lo dices” y así suma y sigue en una interminable lista de problemas comunicacionales inespecíficos que lo único que dejan en claro, es la existencia del problema, sin entregar ni una pista acerca de lo que se trata y mucho menos, de cómo podría resolverse.

De este modo, “la comunicación” termina siendo una excusa o peor, una forma de hablar de un problema sin decir nada de él, de hecho las parejas suelen estar muy de acuerdo en que tienen problemas de comunicación sin ninguna necesidad de ponerse de acuerdo de qué problema se trata y cuáles son las responsabilidades de cada quien. La comunicación también nos sirve para no decir aquello de lo que no queremos/podemos hablar.

Si estamos de acuerdo que la comunicación es una actividad humana, ¿será como otras actividades humanas?, tales como ¿rascarse la cabeza, jugar a la pelota, comerse un completo, besarse con alguien, hacer compras? Parece que no.

La comunicación es la actividad humana por excelencia y está presente en todo lo que hacemos, en nuestra propia forma de ser. Incluso hay personas que sostienen que está presente antes de nacer, cuando nuestros padres y madres imaginan el nombre que uno/a va a tener, cuando hablan de uno/a antes de nacer.

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Efectivamente, cada cosa que hacemos dice algo, comunica. En primer lugar, dice que estamos haciendo eso que estamos haciendo, y también de si lo estamos haciendo de buena o mala gana, dice también qué no estamos haciendo decimos con todo lo que hacemos y con lo que no hacemos, cuando alguien nos habla y miramos para otro lado, decimos que no queremos hablar, incluso le decimos a la otra persona que deje de hablar solo con una mirada o un gesto.

Resulta evidente cuando alguien hace su trabajo de modo distraído, no es necesario que nos diga: “me siento distraído”, de algún modo el cuerpo comunica, puede ser por la mirada perdida, por el movimiento dudoso o por ninguna razón en específico, simplemente nos da la impresión que la persona está distraída y preguntamos: “¿te sientes bien?, te noto distraído”. Esta sola pregunta puede resultar un factor preventivo.

Por supuesto, cuando interpretamos lo que la conducta de otros/as nos dice, debemos tener presente que podemos equivocarnos y vale la pena no dar nada por hecho, se trata siempre de una interpretación, que tenemos derecho a plantear y que en determinados contextos como en el ejemplo mencionado, podría ser una alerta para una persona que corre un riesgo y que no se ha dado cuenta.

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Publicado en: Gestión de personas

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